miércoles, 2 de marzo de 2022

Una piedra en el camino


Antes de contaros la historia de la piedra, os pondré un poco al día con mi entorno. Nací en la península Ibérica hace un indeterminado número de años, pongamos en torno al ½ siglo. Siempre me gustaron las motos y el Rock por lo que mi juventud fue plena de rutas, de juergas, de conciertos y de mujeres, hasta que hace unos años encontré a mi media naranja. Cuando conocí a su padre no le causé muy buena impresión, tenía el pelo demasiado largo, millones de mosquitos en el cuero y las botas demasiado viejas, cuando yo estaba delante me trataba muy normal pero a solas se imaginaba un chico más formal, y a su madre más de lo mismo, me miraba mal, ¿quién es el chico tan raro con el que vas?....

Como casi siempre las apariencias engañan. Mi suegro estaba a la defensiva, ningún padre quiere ver a su hija con un maromo grande y peludo. Noté que no quitaba ojo a mi casco integral, normal, ningún padre quiere ver a su hija de paquete en un pepino a 200 km por hora. Le pregunté si le gustaban las motos y él sin apartar la mirada de mi flamante casco y con una cara de mala hostia que ni os imagináis dijo:

-¿Qué moto montas?

El hombre estaba haciéndomelo pasar mal, estaba empezando a sudar, bajé la cremallera de la chupa y cuando asomó el águila de mi camiseta su semblante cambió de repente.   - Vamos chico ¿qué moto tienes?

- Una vieja Guzzi señor.

Estaba acojonándome…¿dónde me metí yo? El padre de la novia tenía los ojos encendidos de sangre, hasta le salía una espesa espuma por la boca, me cogió por los hombros y apremiándome volvió a preguntar lo mismo:

- ¿Qué moto tienes chaval?

Esta vez le contesté con pelos y señales: una Guzzi 850 GT California del 72. Cuando me oyó decir aquello el hombre entró en un estado de aparente éxtasis, su semblante cambió por completo, aflojó sus enormes garras de mis hombros y me dijo: sígueme. Fui tras él hasta el garaje, abrió la puerta y a que no adivináis que moto tenía mi, desde entonces, querido suegro, una Guzzi 850 GT California. Nos miramos, nos dimos un abrazo y sin cortarse un pelo me preguntó a bocajarro:

- ¿Qué cojones pintas en esta moto con un casco integral?

Tengo que reconocer que la pregunta me dejó totalmente descolocado, hasta se me subieron los colores, o sea que me puse colloráu.

- Es por prescripción facultativa.

- Explícame eso chico -dijo levantando la ceja izquierda.

Y aquí es donde empieza la historia de la piedra.

Más o menos un año antes de conocer a mi nueva familia estuve jodido, jodido. Me salieron unas piedras en los riñones y tras muchas pruebas y experimentos, llegué a pensar que me estaban utilizando como cobaya de laboratorio, conseguí expulsarlas de forma natural y, como imaginaréis, muy dolorosa. Al poco tiempo me volvieron a salir, mi médico no daba crédito, no se explicaba el porqué se me acumulaba tanta arena en el cuerpo.

En medio de esta mala experiencia y aprovechando un buen momento en el que no me dolía nada me acerqué hasta la fiesta motera del Charly a pasar el día. Al llegar a la zona de la fiesta una flamante y enorme Electra estaba aparcando a la vez que yo. El tipo encuerado hasta las cejas, me dio mala espina, tenía las botas nuevas y la moto estaba demasiado limpia. Cuando quitamos el casco cruzamos nuestras miradas. ¡Joder! era mi médico disfrazado de motero. Me miró de arriba abajo y disparó como si estuviéramos en la consulta:

-          ¿Hace mucho que anda en moto?

-          ¿Cuántos kilómetros suele hacer?

-          ¿Suele ir por comarcales?

-          ¿Siempre utiliza calimeros?

-          ¿Hace mucho tiempo que tienes el tabique nasal torcido?

 

Después del interrogatorio, abrió la alforja, saco el taco de recetas y escribió:

-          No respira por la nariz. Operación del tabique nasal URGENTE.

-          Mientras tanto y como medida preventiva, utilice siempre casco integral.

 

La Bella durmiente y el Mono cilíndrico

 


Voy a contaros la historia del príncipe Grisso Brembo acaecida no hace mucho en un lugar no muy lejano y con un final del todo inesperado.

Como jefe mayor de su estado, nuestro amigo tenía muchos privilegios, pero el que más le gustaba era uno heredado de su querido padre ya fallecido. El señor en cuestión había impuesto una ley por la cual, todo fabricante de motos que quisiera vender sus máquinas en el país, debería donar una unidad de cada modelo a la casa real. Por ello, Grisso había crecido entre rugidos de motores, manchas de aceite y olor a gasolina y había desarrollado un sexto sentido en lo que a conducción temeraria se refiere. Era un verdadero especialista en enduro, trial, grandes recorridos e incluso había participado de incógnito en alguna prueba del campeonato del mundo de velocidad.

Cuando cumplió los 35, su país estaba sumido en una gran crisis económica y además su madre le apremiaba con la necesidad de buscar una novia para poder fabricar algún heredero.

Con estas estábamos cuando leyó una noticia inesperada en la prensa internacional. En un lejano reino invadido desde hacía años por una extraña plaga de alienígenas verdes con sombreros de charol, había una leyenda que hablaba de la existencia de una hermosa princesa dormida. El que la despertara, con un simple beso, heredaría el reino y su inconmensurable tesoro. El problema era llegar a ella, todos los caminos y carreteras, todos los montes y valles estaban vigilados por los hombrecillos verdes armados hasta los dientes con unos diabólicos aparatos que detectaban cualquier tipo de movimiento. Grisso decidió, como no, realizar el viaje en moto. El problema fue decidirse por cual llevar.

Entró en el enorme hangar donde guardaba su magnífica colección y empezó a mirar. La primera opción fue la BMW R 1150 GS, robusta, y muy efectiva en el caso de tener que ir por pistas de montaña pero mirando la CBR 1000 RR pensó que quizás le vendría bien su velocidad auque si quería impresionar a la dama la mejor sería una Heritage Softail muy cromada y brillante. Ensimismado en sus cavilaciones descubrió por casualidad, al fondo de la nave, una caja de madera sin desembalar que por el tamaño tenía que ser de una moto. Tenía estampado un círculo con una “M” dentro y un cuño que ponía “MADE IN SPAIN”. Armado con una barra de uña abrió la caja sin miramientos y formó un gran charco de baba a sus pies cuando vio lo que tenía delante, una flamante MONTESA IMPALA SPORT 250 USA de color azul brillante y un hermoso fileteado dorado. No cabía duda alguna, sería su compañera en el viaje de su vida.

Gasolina, una patada y el fino ronroneo del motor. En marcha.

Atravesó varios países, unos cuantos miles de kilómetros, la Impala solo le pedía gasolina y un poco de aceite de vez en cuando. Ningún problema hasta que llegó a la frontera del destino. Una barrera, guardada por dos hombrecillos verdes, cerraba la carretera.

- A VER....

DOCUMENTACIÓN

PAPELES DEL VEHÍCULO

¿TIENE LA ITV?

SOPLE AQUÍ

COMPROBAR LA SALIDA DE GASES

¿CASCO HOMOLOGADO?.....

Nuestro amigo, como comprenderéis, no estaba muy acostumbrado a este trato y girándose, dio media vuelta, se adentró en un bosque y paró en un claro. Sacó el mapa que llevaba en la alforja y se dispuso a buscar algún camino que le permitiera entrar en el país sin tener que pasar por aquellos interminables trámites burocráticos. Encontró, no sin mucho esfuerzo, un paso de montaña en el que la Montesa parecía desenvolverse a sus anchas.

Una vez dentro tomó la carretera principal y a los pocos metros vió el primer “RADAR”. Cual sería su sorpresa al ver que nadie le paraba. En el siguiente, tampoco le pararon, ni en el siguiente, ni en el otro, ni en el de más allá. La carretera estaba llena de príncipitos parados, con sus flamantes Ferraris, Lamborghinis, Porches etc. y todos soplando por unos extraños silbatos. Todos le miraban con envidia y nadie se explicaba porqué a él no le paraban nunca. La única explicación posible era su montura. Siempre oyó hablar muy bien de las motos españolas pero jamás pensó que una de 1966 pudiera tener, de serie, un sistema antirradar.

Y así fue como, al primer intento, nuestro querido Grisso, llegó ante el lecho de la princesa durmiente. Era tal el despliegue de riqueza y tal la sublime belleza de la chica que se abalanzó sobre ella y, cuando sus labios estaban a tan solo unos milímetros de tocarse, una idea cruzó por su mente.

Si la besaba, tendría que compartir toda su vida con ella. Cierto es que su belleza no tenía parangón al igual que las riquezas del país, pero... ¿y si no le gustaban las motos?

Grisso se levantó rápidamente, miró a la princesa, miró a la montesa y la duda de a quién montar duró muy poco.

Poniéndose el casco se dio el piro sin mirar atrás y nunca jamás se arrepintió de no haber comido perdices.

domingo, 21 de febrero de 2021

Mahouistas Vs. Miguelianos 2.0


Hay una corriente muy extendida
entre el pueblo en extremo drástico
poseen el derecho patético
de creerse población entendida. 

Tenéis la espuma más desaborida

la estructura y el cuerpo ridículos

es muy fácil, es un tema lógico

yo de vosotros no me fiaría.

 

Los mahouistas son los más cómicos,

la suya es la mejor con diferencia.

Los miguelianos no lo ven práctico.

 

Y entonces aparece con cadencia

San Patricio, en extremo, drástico:

La mejor la Guinness por excelencia.

domingo, 17 de mayo de 2020

Las doce vírgenes 8


8
chocarrería
1. f. Chiste o dicho groseros.
2. f. Cualidad de chocarrero.



La forense Generosa.

En otros casos es normal sentir pena pero hoy, aquí y ahora, lo único que siento es satisfacción del trabajo bien hecho. Nada de medias tintas, trece parabellum bien centraditas en el pecho y una en la mano izquierda. El muy cerdo se merecía esto y mucho más. Tengo que volver a la realidad del momento, el puto andaluz este de los chistes de gordos me está cargando mucho.

—Eran seis hermanos y los seis tenían enormes nalgas. Los cinco primeros se llamaban Feliciano, Graciano, Salustiano, Mariano y Geminiano, ¿sabéis como se llamaba el pequeño?... Próculo.


Si estuviéramos en la Texas del XIX ya le hubiera pegado seis tiros en esa cara impúdica y granosa. Le cubro con la mirada más despectiva que puedo generar y sacando su lengua azulada y apestosa se relame los labios... Soy forense chico, puede que sepa más de ti que tú mismo y por el color de tu singüeso veo claramente que te quedan pocos afeitados, el oxígeno no riega bien tus tejidos, corazón, circulación, pulmones... Estás jodido pero no seré yo quién te lo diga, así te mueras entre chistes ramplones y chocarreros.

—Uno que va al médico y le dice: Doctor últimamente me siento gordo y feo ¿qué tengo? Y el hijo puta del médico le contesta: Razón, tiene usted razón.

Cambio de tercio y me dedico a temas más agradables como mirar el culo del Inspector. Rellena perfectamente los 501, dan ganas de comerlo...

—Hornillo, ¡Hornillo!
—Perdone señor juez, estaba ensimismada en el culo...
—Ciertamente es un culo muy grande pero ahora escúcheme, ¿Ya puedo ordenar el levantamiento del cadáver? ¿Necesita más tiempo para sus perspectivitas de sangre?
—Por mi parte ya estoy lista— De nuevo me sale la vena del bandido adolescente y hago  un esfuerzo enorme para no descerrajarle en el careto los seis tiros del otro revolver— pero seguro que el Inspector aún no ha terminado...

—¿De verdad tengo que hablar con Él? No lo soporto, siempre huele a perejil el muy cocinillas —inmediatamente se acuerda de Manolita Gómez y comienza a llevar el ritmo con el pie.

Mejor, mucho mejor oler a comida que a perfumes de puticlub, mucho mejor tener mirada de azúcar moreno y pan blanco que de putero cabrón. Este capullo se merecería otros catorce.

—¿Han acabado?— Grita el juez sin dirigirse a nadie en particular —Es tarde y quiero irme, a diferencia de ustedes yo tengo una vida fuera del trabajo.

Eso, eso, haciendo amigos, pero que gilipollas, es imposible ser más idiota. Todos le miramos con cara de odio y asco al mismo tiempo, pero todo le resbala, como si estuviera untado de vaselina.

—Puede usted ordenar el levantamiento y largarse —contesta el Inspector sin dirigirle la mirada y con un retintín en la voz que no se le escapa a nadie —Aquí no le necesitamos para nada señor juez.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Mahouistas Vs. Miguelianos

"No tenéis ni puta idea"
        San Patricio dixit

Las doce vírgenes 7


sibila
Del lat. sibylla, y este del gr. σίβυλλα síbylla.
f. Mujer sabia a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético.


El Inspector 501

Siempre disfruté con la comida bien elaborada, tanto guisándola  como comiéndola. Mi abuela me acostumbró y yo como buen nieto y afamado discípulo descubrí entre los fogones la paz, el sentimiento más placentero que conozco. Soy un buen cocinero, que digo bueno, excelente, y está bien que lo diga yo porque mi abuela ya falleció hace años. Me encanta cocinar para mí y pocos más. Profesionalmente es demasiado estresante por eso me busqué la vida en otras profesiones. Desde jovencito aproveché los veranos para ir probando trabajos que no acabaron nunca de llenarme hasta que un buen día descubrí a Mr. Marlow. Me pareció una rama laboral interesante, investigar un delito, un crimen, puede considerarse parejo a investigar una receta para cocinar un buen pescado. Tenemos que tener claro lo que buscamos, que ingredientes y pistas tenemos, el modus operandi y los medios de cocinado de que disponemos y con todo ello, hacer una especie de reality show, ver los ramales viables y, cercando posibilidades,  finalmente, con el toque maestro de cada uno, dar la estocada y presentar el plato final o el caso resuelto.

Es sencillo, abro la moleskine y empiezo a anotar. El cadáver pertenece a Ernesto Pan Jurado, portero del edificio y que a su vez regentaba el kiosco sito en el mismo portal. El cuerpo aparece tirado en una pequeña salita del domicilio del finado anexa al kiosco. La sibila forense de ojos abesugados me indica que, a falta de una exploración más concienzuda en la morgue, a la víctima le pegaron catorce tiros. Los ángulos de entrada y salida de las balas son confusos, unos penetran en el cuerpo desde abajo como si el que maneja el arma fuera un niño y otros desde arriba como si dispararan desde alto o el extinto estuviese arrodillado.
Hay que estudiar detenidamente las manchas de sangre en las paredes.

—Si le parece bien, Inspector, mañana podríamos quedar para comer y así le cuento mis avances...

viernes, 21 de septiembre de 2018

Ave Julius, morituri te salutant

Voy a contaros una historia plural
basándome en hechos causídicos,
siguiendo consejos druídicos
probablemente llegará a ser viral.

Al valle de Turón en viaje astral
arrastrando material porfídico,
llegó un día Julius el verídico
con pinceles y un humor visceral.

Con la guitarra colgando al hombro,
y derramando acordes flechados
el valle va cubriendo de escombro

y declamando versos afilados
va llenando páginas de asombro
dejándonos a todos embriagados.

viernes, 17 de agosto de 2018

Las doce vírgenes 6


envarbascar.
(De en- y varbasco)..
2. tr. Confundir, embarazar, enredar, atascar. U. t. c. prnl.

Macario y su gran angular

Menos mal que traje el gran angular, de no haberlo sabido hubiera tenido que volver al estudio a por él. Así y todo casi no me entra el culo entero en el enfoque... No deja de ser una oportunidad para fotografiar desnudos, siempre cuesta encontrar modelos que no quieran cobrarte un ojo de la cara. Ciertamente es un culo colosal, grandioso, la piel lisa, tersa y sin granos, nacarada diría yo, voy a cerrar un poco el diafragma, con menos luz todo queda más íntimo y romántico. Tan envarbascado estoy  que lo único que deseo ardientemente es llegar a casa y ver mi trabajo a pantalla enorme y con los millones de pixels en todo su esplendor.
Creo que voy a tener que dejar los primeros planos, el puto Inspector hace rato que me mira mal. Jodido listo, menudo gilipollas, como le gusta cocinar, se cree el Carvalho de la comisaria de Arganzuela. Recojo mis bártulos y me voy salivando y con un amorcillamiento considerable.  Considera la deuda pagada gordo cabrón.

Las doce vírgenes 5


cogitar.
(Del lat. cogitāre).
1. tr. ant. Reflexionar o meditar.
Rodolfo y la buenorra del gym
Otra noche más de guardia y mi mujer seguro que se está follando a algún maromo de esos cachas del gimnasio. Tiene que ser eso sino, no me explico esta afición al ejercicio, a las pesas y a todo lo que sea que haga en ese, creo que ahora lo llaman, Gym. Cualquier día le va a dar un simposio de tanto ejercicio que hace y tantos asteroides que se mete. Joder, la verdad es que se está poniendo la muy cabrona dura como la culata de la HK. Algo trama y mientras yo estoy aquí cogitando en ello, ella seguro que está... Se me ponen los pelos de gallina solo de pensarlo. Un día la mato, saco la escopeta recortable y le pego dos tiros. Ella se dará cuenta de que no todo el monte es orgasmo y yo veré esto desde otra perspectiva. Todos saldremos ganando, mis compañeros, la forense, el puto juez este engreído como la madre que lo parió, en fin todos, mi mujer tiene el culo muchísimo más guapo que este tipo que está aquí tirado. Catorce tiros encajados lleva el hijo puta gordo este, era un cabrón cojonudo y debía de tener muchos amigos en el facebook, porque los que están aquí, todos se están descojonando con los chistes que suelta el andaluz este de los granos. Menuda pinta tiene, voy a preguntarle si tiene algo de farlopa, la noche va a ser larga y cuando llegue a casa quiero darle bien a la parienta después de contarle lo que le pasó a su amigo el quiosquero. Uno menos en la lista.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Las doce vírgenes 4

4
carantamaula.
1. f. coloq. Careta de cartón, de aspecto horrible y feo
Joss o el charquito de sangre roja
Soy feo, muy feo, de hecho los hijos de puta de mis colegas me llaman “Carantamaula Joss”, pero suplo con creces mi fealdad con mi gracejo andaluz. Me parieron hace ya unos cuantos años en un callejón lóbrego del barrio de la bahía de Cádiz y, como buena promesa del delinque, desangré a la puta que me pario el día que nací. Tras una niñez y una adolescencia digamos resbaladiza, me tuve que largar cagando leches por un asunto de sangre y navajas que puede que algún día os cuente pero que ahora es del todo irrelevante. Recorrí Portugal de abajo arriba, España de oeste a este y después de mucho rodar y por culpa de una puta de tetas enormes, grandioso culo y mandíbula incansable, acabé regentando la taberna de sus padres cuando estos se retiraron y se fueron a morir al puto pueblo. Ella, gracias a dios o al diablo,  tampoco duró mucho y me quede con todo, el jodido amo del calabozo. Hasta tengo tierras en una aldea que no sé ni cómo se llama.

Mi vida es, dentro de lo que cabe, azarosa, tengo muchos camaradas que no morirían por mí, pero si matarían por un poco de lo que vendo. Mis primos de Barbate manejan el mejor material de la península. Tengo la mejor maría que puedas fumar y ya no te digo nada de la farla. Mis huevos culeros tienen fama en todo Madrid y ahora también disponemos de un amplio surtido en drogas de diseño o como me gusta llamarlos a mí, putos lacasitos. Estoy situado en inmejorable posición, casi enfrente tengo el antro donde más coca se consume de todo el foro y por supuesto me la compran a mí. Yo estoy encantado, me cago en todos los vecinos que protestan por mi local, que si hay broncas todos los días, que si los clientes vocean hasta altas horas, que si vendemos drogas ¿Qué cojones les importará a ellos lo que yo venda o no venda? Si no están a gusto que se vayan a vivir a casa de su puta madre. Hasta hicieron una asociación vecinal para cerrarme el local. Lo tienen claro. El peor de todos el culo gordo este, mira que postura ahí tirado, parece una morsa el hijo puta nadando en un charquito de sangre roja... Ahora saben que protestar puede salir caro. ¡Qué se jodan!

jueves, 5 de octubre de 2017

Atristayáu



Toi murniu, toi ablucáu, toi alloriáu
ya toi amedranáu. Toi emberriacáu,
enfurruñáu, toi indignáu, toi ciegu
y sordu y coxu y mancu. Toi murniu,
amortigañáu, fartu ya frayáu. Toi mayáu,
lluezu, tumbiu y agobiáu. Toi aparráu,
toi baldáu ya nortiáu. Murniu ochobre.















Las doce vírgenes 3

3
cariparejo, ja.
1. adj. coloq. Dicho de una persona cuyo semblante no se inmuta por nada.

Basilio o el putero cabrón

Este trabajo es una basura. Toda mi juventud me la pasé estudiando como un capullo y ahora que se supone debería de disfrutar de la vida, no me dejan ni usar las noches a mi manera. Las dos de la madrugada, suena el teléfono y tengo que levantarme de la cama, pagar a las chicas sin haberme recreado lo suficiente y coger el maletín... ¡Joder que mierda! Podían haber esperado un par de horas más para encontrar al puto cabrón...
El gps me guía por los suburbios hasta el lugar, ya conocido, del asunto. En realidad lo tengo operativo solo para escuchar la voz de la guarra que me va guiando. Me pone. Al bajarme del BMW una puta me arrolla y me mira con cara de querer follar. Es una pena ahora no puedo darle lo que quiere. Un policía cariparejo me recibe en el portal y me invita a entrar. La noche promete ser tediosa, larga y extenuante, hay manchas de sangre por todos lados y ya tenemos a la “Dexter” de Lavapiés tirando líneas de posibles ángulos de disparos que a mí, personalmente, me la sudan por completo. El cadáver está tapado con una mantita brillante de esas que usan los bomberos. Me recuerda al papel de aluminio con el que mi madre me envolvía los bocadillos, aquella época con mucha nocilla y sin sobresaltos...
Pido al fotógrafo que retire la manta y veo el culo en toda su magnificencia. ¡Joder que pedazo de culo! No me canso de contemplarlo  al natural, no me canso de mirarlo. Oigo a un tipo reírse a mandíbula batiente:
—¡Ya sé porque tengo el culo tan gordo, es el champú! Hoy leí en el envase: "para dar cuerpo y volumen". Desde hoy empiezo a bañarme con lavavajillas, que dice "disuelve la grasa, hasta la más difícil".
Qué poco respeto a tan magnas posaderas, que chiste más malo y que risa tan contagiosa. A mi también se me escapa un rictus semigracioso, hasta el policía de la puerta, el del semblante inmutable, esboza un leve gesto que dentro del contexto se podría considerar algo parecido a un donoso mohín.
Ordeno que salga todo el mundo y no me hace caso ni dios, aquello parece el rastro del domingo. Hay más civiles que policías y teniendo en cuenta que policías hay un huevo el ambiente esta irrespirable. Tengo ganas de irme a la cama. Firmo la defunción y ordeno el levantamiento del cadáver. Se van a cagar los de la morgue para levantar semejante culo.

No es muy tarde, llamaré a la agencia otra vez. Pediré que venga la ucraniana nueva que llora sin parar. Me lo merezco.

Las doce vírgenes 2

2
propincuo, cua.
(Del lat. propinqŭus).
1. adj. Allegado, cercano, próximo.

Ernesto o el viaje final

Hace unas horas aun estaba vivo y feliz a mi manera con mis fotocopias y mis cubos de basura. No sé cómo pasó, pero pasó en un tris, tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar, ni siquiera me dio tiempo a ponerme los pantalones. Imagínense, que bochorno, los policías del barrio, los de la científica, los vecinos, hasta el del bar de enfrente el muy hijo de puta, se descojona y disfruta viendo el  color de mi sangre...

—Este una vez en carnaval se disfrazó de dálmata y todo el mundo pensaba que iba disfrazado de vaca...

Y yo sin pantalones. A pesar de lo que ustedes puedan pensar, mi mayor miedo, por llamarlo de alguna manera, es que me vean sin pantalones, las imágenes del ordenador ya no representan peligro. Tengo el culo gordo desde que tengo uso de razón, siempre lo intenté disimular con pantalones holgados y camisas largas, pero ahora, sin nada de eso, estoy expuesto a que todos me critiquen, y lo peor de todo es que los estoy oyendo, que cabrones todos, no se salva ni uno, ni los más propincuos.


Ahora tengo que mentalizarme, el tamaño de mi culo ya no importa voy a reunirme con mis niñas. En este corto viaje hacia la luz, me siento etéreo como las canciones de Enya, grácil cual okapi vagando por la sabana, sublime como el Macallan de treinta años, irreal como la copa de Europa de la Cultural, tenue como los colores del otoño cantábrico, incorpóreo como el aroma del tomillo, delicado como el merengue de mi abuela, volátil como la fama que un día tuve, húmedo como la primavera de mi tierra, límpido como el espesor del bosque, cristalino como el mirar del niño, diáfano como la luz del otoño, terso como la piel joven, albo como la nieve recién caída, pulcro como una patena, fresco como el gazpacho del verano, relamido como el chocolate que baña a los churros en diciembre, aseado como el niño de primera comunión...

Las doce vírgenes 1

INTROITO

1
estólido, da.
(Del lat. stolĭdus).
1.  adj. Falto de razón y discurso.

Bárbara o Bolseras y vampiros

Estoy rodeada de seres extraños, huraños paseantes continuos a los espacios reservados para temas íntimos y descubro, no sin cierto estupor, que la persona estólida de aquella maraña soy yo. Tan pronto me miran como si estuvieran a punto de saltar sobre una presa, más como vampiros que como lobos, como desaparezco y me vuelvo invisible. La extraña soy yo, la única que paga las copas con billetes sin enroscar.

A pesar de todo la música es cojonuda, necesito indultar esta sensación que tengo en el estómago y me paso un buen rato bailando sin parar, espantando algún fantasma y a unos cuantos  moscones. El calor humano y la humedad etílica de aquel sótano hacen de la situación algo etéreo y volátil. Los demás flotan en una especie de orgía alucinógena mientras que yo simplemente me dejo llevar por los graves martilleándome el estómago como coces de caballos salvajes. Sensación liberadora donde las haya.


Después de tres horas, tiempo suficiente, al salir de aquel antro un tipo engominado y con aura de escalofrío casi me tira al suelo, me mira con cara de depredador durante unos segundos y se marcha detrás de un policía con cara de geiperman. Se dirigen al tumulto del kiosco. Discretamente me acerco, observo y me voy tarareando una alegre canción. A veces la justicia cabal no llega sola, hay que buscarla.

viernes, 10 de marzo de 2017

La bañera roja o el último inquilino

    Ya desde pequeño tuve inclinación hacia las cosas viejas. Cuando mi abuelo me llevaba al rastro los domingos me encantaba revolver aquellos montones de chatarra oxidada y sucia, tornillos, clavos, herramientas y tenedores y cucharas. Mirar una por una aquellas manoseadas fotografías y entre los dos fantasear la historia de aquellas personas que encaraban a la cámara con mirada adusta y sombría.  Me encantaban los puestos de sellos y monedas porque mi abuelo siempre me compraba o uno  u otra. Recuerdo un señor que vendía unos extraños pitillos “cigarrillos especiales JM”. Más adelante supe que eran sencillos porros de hachís y que ese era el motivo por el que mi abuelo tiraba de mí cuando pasábamos por delante de JM. Eran los años de la recién recobrada democracia y todo estaba lleno de pasquines de la CNT, del PCE, del PSP y eran pasquines mágicos porque cada vez que nos cruzábamos con alguna mesa llena de ellos o alguien intentaba vendernos uno, mi abuelo, a pesar de no comprar ninguno, sonreía con una cara de satisfacción que yo no comprendí hasta unos años más tarde.
    Aquellos soportales de la plaza mayor eran el paraíso los domingos por la mañana. Ahora el rastro está en un sitio sin encanto y la chatarra también ha perdido el imán. Pocas cosas me sorprenden ahora, algún libro, algún instrumento antiguo y poco más por eso cuando vi la magnífica bañera de mármol rojo...
   Es increíble la habilidad que tienen algunas personas para determinadas cosas. Aun no sé cómo se arreglaron para mover aquella piedra hueca que pesaría por lo menos trescientos o cuatrocientos kilos. El caso es que me la llevaron a casa y me la dejaron en el jardín. Me recordaba enormemente un sarcófago que vi en los museos vaticanos la primera vez que estuve en Roma así que me puse a buscar en internet. Le saqué  fotos por todos los ángulos, estudié el veteado y el color del mármol, la forma, las curvas, incluso investigué los sistemas de tallado.
    He de reconocer que estuve entretenido unos cuantos años. Fue un trabajo arduo y en ocasiones extenuante. Viajé por numerosos países de Europa y Medio Oriente, me entrevisté con historiadores, con profesores de arte, con artesanos, incluso con buscadores de tesoros.

    Ahora estoy aquí sumergido en agua tibia, fumando un cigarrillo especial JM y entremezclo los recuerdos, mi abuelo, el mármol rojo de las canteras de Mesina, las monedas de Alfonso XII, todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado, los sellos de Franco de 25 céntimos, Arquímedes en Siracusa, las quinientas burras de Popea Sabina y su leche blanqueadora, los tornillos herrumbrosos, el sarcófago de la mujer de Nerón, la más bella de su época, en 1770 José Benedicto Augusto de Austria envía a Luis XVI como regalos nupciales una serie de reliquias históricas, Tierno Galván, Charlotte Corday, 1793 con un cuchillo recién comprado engrandeció la figura de Marat que solo intentaba aliviar sus picores en agua caliente, unos años después Paulina, la hermanísima del emperador, regresa de su estancia en la Española y encuentra un regalo rojo y brillante, la FAI, más leche de burra, ingentes cantidades de leche de burra, olvido, misterio, Paris un   3 de julio de 1971 Pamela encuentra a Mr. Morrison muerto tras un viaje lisérgico, otro JM, más misterio, los rumanos del rastro y ya se me va nublando la vista, estoy muy cansado, me resisto a cerrar los ojos, sé que no los volveré a abrir, este es mi último baño, mi abuelo me hace señas, me espera con la mano tendida al final del túnel está acompañado por Arquímedes, por la bella Popea, también está Paulina la promiscua y el jacobita Marat mientras Jim toca la guitarra y canta el blues de la posada.

jueves, 18 de febrero de 2016

Polvo brillante


     Silencio y soledad, aislamiento y sosiego, intimidad, exclusión, destierro y melancolía, confinamiento, abandono, liberación. Esto es lo que siento, cada cosa en su sitio y todas a la vez en un crisol de álgida espuma.
     Mis párpados sienten el ardor del sol,  seguramente sea el comienzo de una tarde, la última, que promete ser larga y hasta tediosa. Seguro que las motas de polvo estarán brillando en los haces de luz que se cuelan por las celosías de la balconada. Estarán bailando al son de cantares olvidados en los recovecos de una memoria incierta y aplastada. Talmente  percibo las sombras arabescas en la pared del fondo, sobre el aparador de los platos de domingo, sobre el retrato que los abuelos trajeron de Cuba. No siento ruidos. Ninguno. Ni pájaros ni campanas, ni suspiros o llantos. Nada. Es raro. Es muy raro.
     Este lecho duro confina mi cuerpo. No puedo moverme. El traje me aprieta, la corbata me ahoga y todo junto agobia pero a la vez libera. Es un sentimiento contradictorio y agotador. Ahora mismo necesitaría un truco que me sacase de esta apatía pero creo que ni el mejor prestidigitador del mundo conocido, lo conseguiría.
     Pensándolo fríamente, no es apatía. No sé lo que es. Es nuevo para mí y tarea ardua y espinosa el tratar de dilucidar, el tratar de apartar los escollos para ver la meta. Me estoy agobiando. Esto es muy estrecho, tanto que no puedo respirar. Una sacudida. Hace tiempo que no respiro. Otra sacudida.

     ¿Qué pasa aquí? Noto un traqueteo pero no oigo nada. Tampoco veo nada. Solo siento un calor asfixiante, abrumador, opresivo, angustioso...

martes, 26 de enero de 2016

Camarón

    Debajo de la enorme piedra que hay cerca de la playa, habitan felizmente una familia de enanos de jardín. Su historia es una historia curiosa que ellos cuentan siempre que alguien esté dispuesto a oírla. Provienen de un vergel de la Provenza, se les nota el acento francés a kilómetros, y están aquí porque fueron liberados por el FLEJ o más comúnmente conocido como el Frente de Liberación de Enanos de Jardín, muy activo en el país vecino. Tras una ardua travesía sorteando cazadores de enanos prófugos, torcaces asesinas de cuello verdoso y otros muchos peligros que acechan constantemente a los seres de su reducido tamaño, llegaron al menhir, al tótem, al símbolo fálico que representa la fecundidad en mi pueblo. Llegaron dos y ya son dieciséis. Viven felices tocando la mandolina, cazando y criando camarones autóctonos. De vez en cuando van al cine el día del espectador.

sábado, 17 de enero de 2015

El dedo de Dios


El dedo de Dios 

Cuando entré por primera vez en aquella angosta plaza porticada sentí un calor, una fuerza, una presencia de miles de almas y mirando hacia el cielo descubrí, que no todas las catedrales eran iguales. Esta se parecía a la nuestra pero era más negra y solo tenía una torre que parecía el dedo acusador de Dios echándonos la bronca. Mi padre me contó que cuando la estaban haciendo, hacía ya muchos años, se habían quedaron sin dinero para el meñique.
Cuando me contaba cosas curiosas siempre lo hacía atusándose el bigote y adoptando una pose de lo más académica, aunque la lección fuera banal:
-          Fíjate- me decía observando las mercaderías de los soportales- aquí a las galochas las llaman “madreñes”.
También me explicó que la razón de que las casas fueran tan estrechas, las llamaba “longueros”, era herencia del trazado medieval igual que ocurría en nuestra ciudad. Algunos solares eran muy largos, como el del socio de Papá, tan largos que hasta tenían una pequeña huerta en la parte trasera rodeada de tendederos.
En realidad se trataba de una manzana con trazado irregular y después de tantos años tengo el recuerdo de casas desvencijadas y muy sucias. También tengo la imagen grabada como si fuera una serie de fotogramas, de la catedral por partes. No se podía ver entera desde ningún sitio lo que te obligaba a buscar diferentes perspectivas. Era un juego muy entretenido.
Por aquella época se debatía en la ciudad la posibilidad de derruir la manzana entera. Los que querían hacer la plaza más grande, porque decían que aquella maraña de casas desmerecía tan noble entorno, eran los que a su vez, paseaban los domingos después de misa por los soportales con el cabello rebosante de gomina y con las camisas almidonadas.

Nunca supe de qué color era el cielo allí.

viernes, 30 de mayo de 2014

Coyones y dinamita. Los relatos del 18

Estoy jodido, muy jodido, la puñetera pescadilla que se muerde la cola me está devorando. No veo salida de esta cloaca en que se ha convertido mi vida. Apesta. La patronal está encantada de disfrutar de esta época de mierda. La necesidad hace que los hombres y mujeres bajen sus miradas al suelo, que asientan sin estar de acuerdo, que firmen lo impensable y que se dejen sodomizar sin ningún tipo de lubricante. Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. Es sencillo. Humillante para unos. Brillante para otros. La verdad es que no te engaña nadie. Te lo dicen a la cara sin un ápice de rubor. Nadie se pone colorado por vergüenza, solo por rabia. Esa rabia que te tragas una vez, otra vez y otra y otra… Pero la rabia no mata al hambre, cosquillea el estómago, hierve la sangre pero no quita hambre. Tengo el lóbulo parietal lleno de rabia. Vuestra desfachatez ocupa el occipital mientras que el olor a podrido se aloja en el temporal. Todos mis lóbulos están repletos, pero al que debéis temer es al frontal. Y no solo al mío. Somos muchos millones de lóbulos frontales que vamos uniendo líneas y cuando se junten el hambre, la rabia, la vergüenza, la ignominia, el miedo y la humillación, mandaremos una orden a nuestros cojones, sonarán los saxofones, las trompetas y los trombones, encenderemos la mecha y ya no habrá vuelta atrás.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Bluelluz o Aladino y los cuarenta suaños robaos. Los relatos del 18

Bluelluz o Aladino y los cuarenta suaños robaos

    El pote taba saláu. Una escusa, solo una pa sacar el so rellumante xeniu a pasiar pola casa. Y nun yera precisamente un xeniu azul Disney, yera más bien colloráu avernu, cornín y con un rabu llargu ya peludu enllenu de pinchos furruñosos. Nun viaxaba n'alfombres damasquinaes nin siquiera del Ikea, anque si producía vientu, polvu y fumu a esgaya que facía orpinar. Y como bon xeniu, tamién tenía daqué de magu, yera capaz de correxir el color de los güeyos ensin ayuda del Photoshop, solo con afalagos.

    L’amor primaveral tiñíu de lluz azul, tornose en costume, más tarde en plomizu aburrimientu y nun momentu difícil d'establecer, n'espantu. L’esganu campó por los pasiellos y les habitaciones, los cristales llancíen, los pexes de colorinos decidieron saltar al vaciu y nun aguantar más aquella tensión que los afogaba dentro’l agua. Hamelín, el gatu Bengala, fuxó pola tronera del desván llevándo con él arañes, coroyos ya cucaraches. El silenciu fízose’l amu del espaciu y les trés almes, la del xeniu y les dos humanes, debalaben poles estancies como lo que yeren, animes en pena purgando les sos culpes, más dos tenía munches más que la otra.

    La clausura, el calvariu la espera, la incertidume del alcuentru, el mieu a volar, el martiriu ensin peineta, na más pueden finar en paz eterna.


    Requiescat in pacem.